Pensamientos audaces (V y VI)

Por Jorge Manuel Ayala Martínez.Profesor de Filosofía Universidad de Zaragoza

La literatura aforística es una práctica antiquísima. A lo largo de la historia ha ido adquiriendo la forma de adagio, proverbio, epigrama, máxima, sentencia, etc. Los antiguos fueron muy dados a este tipo de literatura, pero también los medievales y los renacentistas. En nuestra época los grandes filósofos se han puesto a prueba a sí mismos condensando en aforismos lo mejor de su pensamiento.
El aforismo es un arte de escribir difícil porque exige concentración y concisión. Mientras el sistema abstrae y generaliza, el aforismo condensa. Aquél ofrece un sentido pero éste abre el sentido, sin que acabe nunca de darse del todo. Si el primero ofrece un pensamiento, el segundo da que pensar. Por eso los filósofos verdaderamente creadores estiman tanto la literatura aforística, y la practican.
Encarnación Ferré, conocida autora de cuentos, novelas, teatro, ha llegado también por madurez profesional al momento cumbre de todo creador: al arte del aforismo. Era inevitable, porque a su edad rebosa experiencia y ganas de comunicación.
En su práctica literaria Encarnación Ferré ha compaginado la creación con la docencia, “enseñar deleitando”, y ello se trasluce en su Dietario de un profesor escéptico (Pensamientos audaces). No hubiese sido fiel a sí misma si hubiese renunciado a su vocación didáctica. Así entiende ella la literatura. Por otra parte, esta preocupación encaja totalmente con la tradición literaria aragonesa.
Cada autor deja traslucir en los aforismos la quintaesencia de su ingenio y de su experiencia vital. Hay aforismos picantes, agudos, morales, audaces, etc. Los de Encarnación Ferré son una mezcla de audacia y de sensatez, característica alabada desde antiguo en los escritores aragoneses. Se es audaz pensando el mundo de lo posible, pero también se es audaz desenmascarando la realidad. Creo que Encarnación tiene más de lo segundo que de lo primero. En ello radica el origen de su sensatez: en la fidelidad a la realidad, sobre todo a la realidad humana.
Los seres humanos somos una síntesis de muchas cosas. Empeño inútil es pretender definir al hombre, porque sólo nos damos a conocer parcialmente. Visto un león –escribe Baltasar Gracián- están vistos todos, pero, visto un hombre, no está visto sino uno, y aun ése no bien conocido (Criticón, 1, 12). ¿Significa esto que hemos de renunciar a hablar del ser humano? En absoluto. Cada uno de nosotros somos a la vez toda la humanidad. “Nada de lo humano me es ajeno”, decían los romanos. Conociéndonos a nosotros llegamos al conocimiento de lo esencial humano, y conociendo a los demás nos conocemos mejor a nosotros mismos. El aforismo es una forma aguda de penetrar en lo universal que encierra todo ser humano singular.
Los latinos llamaban a la literatura aforística FLORES, porque se supone que es la parte más escogida de un escritor; su jugo o quintaesencia. En este sentido interpreto yo los pensamientos filosóficos de Encarnación Ferré. Durante muchos años ha libado en el libro abierto de la vida lo esencial humano. Tarea dificilísima, porque la vida humana es muy escurridiza. Somos nuestras dudas y nuestras certezas, nuestros sueños y nuestras desilusiones, nuestras alegrías y nuestras tristezas. Somos todo a la vez; siempre los mismos, pero distintos cada día que pasamos. Esta situación, que a unos lleva a la desesperación y a otros a la indiferencia, a Encarnación Ferré la sume en una serena reflexión.
Los Pensamientos audaces de Encarnación Ferré desprenden paz, equilibrio; sobre todo optimismo en el hombre. No fustiga ni ironiza, antes bien ayuda a salir de la dificultad. “¿Laberinto? No lo hay. Todo conduce a idéntica salida”. “Nada puede salvarnos sino la propia fuerza”. Sus aforismos son como piedras talladas: valen en sí mismos, sin formar un sistema de pensamiento. Además, entre uno y otro queda un espacio en blanco para la interpretación del lector, porque los aforismos no ofrecen la verdad directamente sino de forma alusiva.

En tus manos, lector inteligente, deposito esta floresta de reflexiones con las que Encarnación Ferré quiere ayudarte a saber vivir. Es una pequeña contribución a esta filosofía perenne que entre todas las culturas vamos creando, desde los libros sapienciales de la Biblia, pasando por Grecia, Roma y Oriente, hasta llegar a Pascal, Baltasar Gracián, Kierkegaard y Schopenhauer. Todos son diferentes pero coinciden en lo esencial. Son aciertos perennes del vivir.