Hierro en barras

La naturaleza del artista y otros relatos. Editado por la Fundación Cultural Bajo Martín (Zaragoza, 2009).
Krado-Mondo (traducción a esperanto de la novela Hierro en barras, editada por Planeta en 1974). Editado por Artur E. Iltis. (Saarbrüken, 1983).

La escritora Encarnación Ferré adquirió súbitamente popularidad nacional cuando, en 1974, publicó en la editorial Planeta su novela Hierro en barras y asimismo fue finalista del Premio Planeta con su obra Memorias de una loca.
Hierro en barras, presentando la visión desde varios puntos de vista, muestra técnicamente una diestra resolución de uno de los más complicados ejercicios de las bellas artes: verter -sin incurrir en la monotonía- un tema casi exclusivamente monologado. Gracias al inteligente relato de las peripecias de la protagonista -peripecias en las cuales los planos cronológicos frecuentemente se entrecruzan- sus introspecciones y reflexiones no cesan de fluir y evitan que el relato pierda fuerza de intriga.
Encarnación Ferré presenta con tal sincera consternación el espíritu y el oscuro mundo instintivo de una mujer torturada y de sí misma torturadora, que poco a poco el lector capta el sentido (que no le aguarda sino al final) de los insondables límites del corazón humano.
La protagonista parece estar loca y, como frecuentemente sucede con estos seres, plena de lúcidos pensamientos y agria intuición. La dicotomía de su naturaleza revela esa inesperada asociación de ideas, extravagantes acciones, inauditas decisiones… Está instalada en una doble cárcel: mente y prisión, puesto que solamente sus pensamientos pueden fluir libremente. Ilusiones y aspiraciones la mantienen viva, hasta que su frágil mundo definitivamente se derrumba cuando su última gran esperanza se arruina. Se encuentra en las antípodas de las clásicas heroínas de novela, siempre dulces, bellas y triunfantes, pero, a pesar de eso, sentimos fascinación por la perversa esencia de su alma.
Encarnación Ferré utiliza sutilmente numerosos pensamientos, acciones y reacciones de la protagonista (clasificables por medio del psicoanálisis), para mostrar de modo indirecto sus complejos, sus fantasías. Hierro en barras guarda cierto parentesco con el género picaresco, como tipo español, caracterizado como un antihéroe cuyas aventuras son producto -y consecuencia- de crueles conceptos vitales sin normas éticas ni consideraciones sociales; desprovisto de sentimentalismo y de ternura. Y es que, aunque el sin cesar agitado corazón que nos presenta, toca también afectivas emociones, éstas, sin embargo, se mezclan en la confusión de su mente y sólo gracias a la delicada vibración del aroma poético que respiran las páginas de la novela, se distancia de la fría independencia de sentimientos propia de la picaresca.
El carácter autobiográfico de la obra despierta una cuestión: ¿qué hechos pertenecen a la propia vida de Encarnación Ferré y cuáles a la ficticia existencia de la protagonista? Esto no es lo importante. Importa solamente el hecho de que, a través de Hierro en barras, la autora -cuyas actividades en los campos poéticos y musicales también deben tenerse en cuenta- nos proporciona esta atractiva obra; reflexión de una vida cuyos desvelados sufrimientos simbolizan posiblemente el absurdo de la existencia.

Fernando de Diego
Catedrático Internacional de Esperanto

Nota: La novela Hierro en barras fue traducida al idioma esperanto por Fernando de Diego bajo el título Krado-Mondo. Recibió el premio Goralski en Canadá y se publicó en Saarbrüken (Alemania) en 1983.


AUTORES ARAGONESES. Luis Horno Liria. Institución Fernando el Católico. (Zaragoza, 1996). Páginas 199-200)

Encarnación Ferré
Hierro en barras

Una mujer, encarcelada, rememora su pasado. Su largo soliloquio de casi veinte años -todo el tiempo de su condena por conyugicidio- nos permite asistir al desarrollo de un carácter complejo, e una vida lastimosamente abandonada, desamparada, extraviada en todos los errores y hasta en los crímenes a que pueden impulsar un temperamento reconcentrado, apasionado, y una miseria ambiente, pues sólo por un cariño paternal, que crece, auténtico, aún a pesar del alcoholismo y de la grosería. Esta mujer discurre, medita. Ve su vida cómo fue, la juzga duramente, pero sabe también que no fue educada, que casi nunca estuvo protegida. T que, cuando lo estuvo, despreció esa protección, esa seguridad, cegada por arrebatos pasionales. No ha tenido más amor verdadero que el que sintió por su hija. Y de ahí ha de venirle su más atroz condena, la que le llevará al suicidio, atisbado al final de la novela.
Es éste un relato armonioso, sencillo, bien construido. Un lento monólogo, divagatorio a lo largo del tiempo, en esa sucesión de días, de años de cárcel, que parecen confundirse en un continuo presente. La protagonista es una mujer del pueblo. Habla y piensa como éste: con sensata clarividencia, con violentos arrebatos, con giros comparativos extraídos de la cocina y de sus guisos, del huerto paterno y de su estancia, como criada, en tierras de Francia. Su discurso-doloroso- es seguido por el lector atentamente, con la fruición de quien asiste a un relato, bien contado, de unos hechos muy reales, muy crudos, dolorosamente posibles a cada paso, en cada día. Tengo entendido que es la segunda novela escrita por su autora –convecina nuestra-, y me parece un acierto total y la seguridad palpable de que hay en ella una escritora auténtica que puede dar mucho juego en años venideros.

Luis Horno Liria