Boceto de Mujer

Hay autores para quienes escribir es un destino, más que un oficio. Tal es el caso de Encarnación Ferré Chiné (Monzón, Huesca, 1944), con una dedicación a la escritura de más de cuarenta años. Toda una vida.
Boceto de mujer es el título humilde de una obra excepcional, última de la escritora hasta el momento. Y es también una toma de postura que afirma la provisionalidad y deficiencia de cualquier conocimiento: nunca podremos llegar a la sabiduría plena, al retrato total; conformémonos, pues, con el boceto.
Libro de hondo lirismo, es en realidad un poema en prosa todo él, escrito en el estilo propio de Encarnación (intimista, profundo, desgarrado…). Boceto de mujer no hace concesiones a la anécdota. Todo es sustancia: apoyado en una mínima peripecia novelesca (un fracaso amoroso —“me destrozó el Caín a quien amaba tanto y me llenó de hormigas el verano”—, un viaje a la India y Pakistán, un nuevo amor, y poco más), la autora va desgranando sus sentimientos y reflexiones ante el lector, observando la realidad que le rodea. No hay tampoco concesiones a la moda: escribir surge de una profunda necesidad personal y no de la búsqueda del asentimiento de mayorías. Ferré no busca lo que se lleva ni simplifica lo que, de suyo, es complejo. Escribe sin preocuparse de tiradas o reconocimientos.
El “boceto” de Encarnación es, en realidad, mucho más. La confesión valiente de una mujer replegada en sí misma en soledad pensativa y creadora. Una profunda reflexión sobre la vida que nos cincela, el fracaso que nos desarma y la ilusión de amar que nos revive. Hay aquí afán de expresión, de “dejar constancia”, de parar las aguas del olvido. Hay también afirmación de la existencia, del goce de vivir aferrados a cada instante de una felicidad que sabemos pasajera. Mientras vivimos así, no nos sentimos vacíos.
El narrador se confiesa, busca al lector-confidente para decirle que “el vivir duele y cansa”, que “la única solución estriba en el recuerdo”. Por eso para la autora escribir es mucho más que una tarea o una plataforma para el prestigio. La literatura es, aquí, recapitulación de la experiencia y un modo de apertura a lo ignorado. Una confesión de duda como principio existencial. Una búsqueda de sentido trascendente. Y también un acto de reconciliación, a través del entendimiento de uno mismo y de aquello que nos circunda: cuando se gasta la ilusión, aún nos queda lo vivido; no podemos cambiar el pasado, pero sí dulcificarlo con memoria selectiva.
Si en obras anteriores (Hierro en barras, Memorias de una loca, ambas de 1974) hallamos introspección, monólogo interior, flash-back, desdoblamiento de las protagonistas en diálogo con su otro yo, en Boceto de mujer encontramos las mismas técnicas para dibujar un alma femenina que se desnuda en cada línea mostrándonos la intensidad de su pasión y su desgarro. La protagonista es destilación de esas otras mujeres literarias —Teresa, Flora, Sebastiana, “Lurdes”…— que nos ofrecieron su peripecia en las novelas precedentes de la autora. Lo anterior pervive en lo siguiente: el estilo es voluntad en continua evolución, la búsqueda de un camino seguro para la creación artística. Encarnación, como Sender, como Pisón, como Galdós, ha optado por reutilizar materiales narrativos anteriores, algunas de sus “Cartas de desamor” o de sus “Cartas sin destino”, por ese afán retroactivo y, al tiempo, progresivo característico de todo creador.
La autora montisonense, formada en las complejidades de la ciencia psicológica, ha hecho de la indagación de interiores su razón de ser artística. En un tono neorromántico heredado de su vocación lírica (Del amor infinito, Hijos de la arena), con cierto barroquismo expresivo y el ansia cognoscitiva del científico o el filósofo, las mujeres creadas por Encarnación se buscan a sí mismas, en un esfuerzo de salvación. Quieren comprender y comprenderse, sin pasar jamás del intento, ante el indescifrable secreto de la vida, la insuficiencia de nuestras armas cognitivas y la torpeza de nuestros sentimientos.
La mujer de Boceto… es una personalidad náufraga, víctima del paso del tiempo. Una mujer que siente soledad y abandono, que vislumbra el camino inevitable hacia la muerte. Un ser agostado en la propia intensidad de su pasión que lucha contra el desánimo y el olvido. Una persona cansada, a quien la vida ha dejado un montón de cicatrices (“los pesares calzan espuela”, asegura nuestra creadora). Una poeta del desamor y del dolor cósmico, de la queja existencial a lo Schopenhauer.
Entre la fe y la desesperanza, entre las ruinas de la inteligencia, la mujer de Boceto… reflexiona profunda, ajena a pompa y circunstancia, despreciadora de las vanidades del mundo. Entiende la urbe y lo insignificante cotidiano como abrigo para la soledad. Redescubre el paraíso de la infancia, el cariño de los progenitores, el amor hacia su prole. Sabe que la amargura deja lugar a la esperanza y que, en el círculo del eterno retorno, siempre caben nuevas primaveras. Entona como Quevedo el himno de las “memorias tristes”, pero sin sucumbir al pesimismo de ver en todas partes ruina y soledad, muros desmoronados, las huellas de la muerte.
En Boceto de mujer nada importan el tiempo y el espacio, tampoco la trama. La autora va derecha al meollo de la existencia, a lo “eterno humano” como diría Antonio Machado. Ferré vuelve con esta historia psicológica a la “novela paralítica”, la novela reflexiva y sin acción, tal como Ortega la definió para referirse a En busca del tiempo perdido. Aunque, eso sí, dejándonos distinto poso que el escritor francés. Porque mientras Marcel Proust, paladeando su famosa magdalena, se queda en los placeres digestivos y el mundo de las sensaciones, Ferré Chiné se ve avocada al universo de la angustia. El espacio clausurado como preludio de la tragedia; la búsqueda de la esperanza en un territorio que acaso haya perdido su sentido. Es bueno hablar con Dios y creer en los ángeles, afirma la escritora buscando el tránsito.
Sorprende en la protagonista de Boceto de mujer su capacidad para destilar melancolía y dolor vital. La vemos viajar vencida, sin fuerza casi, añorando aquella que fue antaño, soñadora y feliz, activa, impetuosa. La vemos anhelar el descanso y, sin embargo, seguir adelante por la pura fuerza de la inercia. Presentimos su caída y, de pronto, en un rincón escondido del ser, surge la pizca de fe que aún resistía. La ilusión renace, pero ya no como “ilusión ilusa”. Será conquista de la experiencia. Ya no hay vuelo despreocupado hasta la altura (sabe el que vuela que le espera, inevitable, la caída), sino esperanza proyectada sobre fondo gris.
En la realidad que conocemos donde no falta la ruindad, en un mundo habitado por la estulticia o el egoísmo, también caben la sorpresa y el amor. La leona domada, el caballo cansado reencuentran el élan vital que los ayuda a continuar. La indiferencia es peor que el odio porque lleva a la nada; al menos, el odio lleva al objeto odiado. La autora aragonesa busca en la razón de amar la patria peregrina. Es, como Gil de Biedma, una escéptica; una descreída que aún quiere creer; una desarraigada que no renuncia a echar raíces.
Ferré nos ha legado en Boceto de mujer una obra difícil y sabia que el lector inteligente podrá apreciar. Un resumen experiencial y literario de su saber-hacer. Una fábula sin trama que no satisfará al buscador de romances y enredos, pero sí a quien ansíe profundidad sincera y emoción. Hay aquí desnudez, intensidad. El sentimiento trágico de la vida, al modo de Unamuno. La conquista de un estoicismo protector que nos libera de la aniquilación total y la total desesperanza. El enigmático final de la novela sugiere que nada termina definitivamente, nada se escribe definitivamente en la rueda de las reencarnaciones.
Desde el otero de la experiencia, nuestra autora encuentra el remedio de la memoria. Y, esquivando la amargura (la gente amargada, afirma, no muere solo una vez, sino varias cada día), halla una armonía asuntiva de inspiración hindú que la reconcilia con el amor, los hombres y la presencia ineluctable de la muerte.

He aquí el libro supérstite de una sobreviviente.

Antonio Villanueva
Profesor de Literatura